En armonía con nuestra misión de unidad y reconciliación, nosotras -las Hermanas de San José del Noreste de Pennsylvania- declaramos nuestra oposición a la pena de muerte. Nos unimos a nuestras hermanas y hermanos de todo el mundo que denuncian la ineficacia de la pena de muerte como instrumento disuasorio para la delincuencia y que consideran la pena de muerte una violación de los derechos humanos.
Creemos que cada vida humana posee una dignidad intrínseca dada por Dios. Respetamos la vida desde su concepción hasta su muerte. Estamos en sintonía con el Papa Juan Pablo II y con la Conferencia Episcopal Católica Estadounidense, los cuales han afirmado claramente su oposición a la pena de muerte.
Reconocemos, todavía, las necesidades de ayudar y apoyar a las víctimas y a sus familias en su dolor y pérdida y de favorecer el perdón y la sanación.
Estamos conscientes de la violencia presente en nuestra sociedad y afirmamos que ésta necesita protegerse desde individuos que han demostrado ser peligrosos. Con todo, creemos también que enfrentar la violencia en sus raíces y aplicar correctamente el encarcelamiento pueden ser medios para alterar eficazmente el ciclo de la violencia.
Nos unimos a nuestra iglesia y a líderes cívicos tomando acciones no violentas para la eliminación de la muerte aprobada por el estado y poniendo todos nuestros esfuerzos en reconocer y afirmar la dignidad de cada vida.
(Aprobado por unanimidad por la Congregación el 20 de noviembre de 1999)