por el Dr. Alex Mikulich, del “Jesuit Social Research Institute”
- 2 de febrero de 2012 -
La tradición Romana Católica celebra la bondad intrínseca de toda vida porque el amor de Dios es la fuente de la vida misma. Por lo tanto, la exigencia moral de respetar en la práctica la dignidad de todo ser humano no se basa en una idealización de la humanidad, sino en lo divino.
La Iglesia desde siempre reconoce sin hesitación la existencia del pecado, individual y social. Sin embargo, no podemos ganar ni perder nuestra dignidad humana debido a nuestros pecados, porque nuestra dignidad viene de Dios; el amor creador de Dios es incondicionalmente inherente a todos los seres humanos y a toda la comunidad humana.
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