“Mi alma alaba la grandeza del Señor; mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador.” Esta palabras de Mari a su prima Isabel revelan la profundidad de su fe de ella en las promesas de Dios y de Su plan de salvación.

Siendo muy joven en la Judea del primer siglo, Maria vivió bajo los romanos que controlaban Judea por medio de un rey muy tirano. Con un espíritu misionero, Maria salió de su casa y fue a visitar a su prima Isabel, con Jesus, El Evangelio, ya vivo en su vientre. Juntas ellas eran dos mujeres en un tiempo cuando las mujeres no valía casi nada, aun así ellas se encuentran bien el centro del plan de salvación de Dios. A pesar de su situación muy retadora, su fe de ellas y su esperanza estaban bien vivas, pues que sabían bien dentro de sus corazones que Dios iría cumplir su promesa, aunque ellas no sabían exactamente como.

De una manera muy similar, Maria de Guadalupe, que también cargaba la Palabra de Dios en su vientre, presento el mensaje de salvación al más pequeño de los hermanos y hermanas de Jesus: San Juan Diego, un indígena laico. Maria pidió a Juan Diego que presentara su mensaje de ella a los poderosos de su tiempo. Bien al principio de la historia moderna del continente Americano, en la convergencia de dos culturas – indígena y Europea – este mensaje de salvación indicaba la dirección de una nueva manera de ser y de vivir. El mensaje tiene en su centro los valores de la vida, amor, justicia, solidaridad, respeto mutuo, e inclusión que deben guiar nuestras instituciones y relaciones personales y sociales.

Hoy, más de 500 años después de las apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe a San Juan Diego, y más de dos mil años después que Maria salió a encontrar y evangelizar su prima Isabel, seguimos teniendo fe y esperanza en el mensaje de salvación de Dios y la abundancia de la gracia para todos. Trabajando en el ministerio de Justicia Restaurativa, seguimos proponiendo los mismos valores y espíritu misionero de evangelización que nos hace personas transformadas que trabajan para transformar nuestras relaciones sociales.

Somos llamados a profundizar nuestra fe y esperanza, aunque no seamos, así como Maria, los poderosos de nuestra sociedad. Somos llamados a recordar nuestra responsabilidad de denunciar las muchas injusticias que existen en nuestro sistema de justicia criminal, que afectan las vidas de miles de personas encarceladas y de las familias de ellos, y miles de víctimas y sus familias. Somos llamados a trabajar para reformar nuestras instituciones de justicia criminal, para terminar con la pena capital n toda la nación, y ayudara a reintegrar nuestros hermanos y hermanas que regresan a la sociedad cuando salen de las cárceles.

Pidamos a Maria, la misionera, la evangelizadora, la Virgen de Guadalupe, especialmente en este tiempo de adviento, que siga intercediendo por nosotros junto a su hijo, para que tengamos la fuerza de la fe y de la esperanza para cumplir con nuestro llamado evangélico.

 

Marco Raposo es el Director 
del Ministerio de Paz y Justicia
para la Diócesis de El Paso.